Congeladora

El cambio de la furia por el balón

Antes de haber ganado su segunda Eurocopa, la Selección española era sinónimo de mezquindad en todas las competencias que disputaba. Se parecía a México, sólo que con mejores jugadores. Recuerdo que en Francia 98, el equipo que dirigía Javier Clemente quedó eliminado en la fase de grupos, lograron conseguir cuatro puntos, pero no fueron suficientes ante los cinco y seis que habían conseguido Paraguay y Nigeria respectivamente. Aquel equipo contaba con jugadores como: Zubizarreta, Ferrer, Hierro, Morientes, Raúl, Luis Enrique, Kiko, Celades y Juan Antonio Pizzi. Había calidad para realizar un mejor papel, pero el estilo timorato de Clemente, su empeño por tener un sistema defensivo muy eficaz tuvo represalias en la efectividad al ataque, y España, cuatro años después de haber sido eliminado por Italia después de que no le marcaran un penal por el codazo que le propinó Tassoti a Luis Enrique, cayó eliminada exenta de pretextos válidos para justificarse ante su afición y la prensa, siempre tan impecable y radical.

La historia de la Selección española se caracterizaba por las pretensiones y expectativas tan altas que siempre la rodeaban, y ¿cómo no? La producción de jugadores de calidad siempre ha sido constante en España, parecía que el problema era el estilo empleado por la Selección: siempre mezquino, falto de personalidad y con muy pocas variantes tácticas para sacar lo mejor de sus jugadores. Y finalmente sucedió, Luis Aragonés lo logró al conformar una escuadra con jugadores de mediana estatura con buen trato de balón, logró imponer un estilo para luego cosechar éxitos.

Cuando falleció Luis Aragonés, Xavi escribió una carta que contenía lo siguiente: “Supongo que es el entrenador con el que más horas he pasado hablando de futbol. Subía a la habitación y hablábamos horas, a veces del estilo ‘esa es la clave, Xavi, saber a qué queremos jugar’, siempre de la importancia de juntar a los buenos en el campo y también de lo importante que era no tener miedo a nadie, a ningún equipo, por mucho que corran más. ‘Usted y yo sabemos que la pelota corre más que ellos’, me dijo”.

Insisto en la relevancia del estilo propio que logró encontrar España con Luis Aragonés, técnico cojonudo, pero más inteligente que cojonudo, a diferencia de Clemente. Lo que hace la diferencia en el futbol es saber destinar con inteligencia una locura. Allí se marcan las diferencias. Cuando España eliminó a Rusia en la Semifinal de la Eurocopa 2008, en vísperas de que se jugaran la Final contra Alemania, el escritor español Javier Marías escribió: “Ojalá tengamos que renunciar de una vez a nuestra falta de carácter y a nuestra mala suerte. Ojalá mantengamos nuestro primer estilo definido en decenios y sigamos viendo a nuestro equipo como si fuera el de otros. Es decir: ojalá sigamos desconcertándonos para así empezar a acostumbrarnos a ser por fin lo contrario de lo que siempre hemos sido…”.

España no hubiera ganado el Mundial sino hubiera ganado la Eurocopa dos años antes, y eso no lo digo yo, lo dice Xavi. Quizá sin el gol de Torres contra Alemania en Austria, no podríamos haber visto el gol de Iniesta contra Holanda en Sudáfrica. Quizá con un fenómeno como Del Bosque no hubiera sido suficiente. “Con Luis hicimos la revolución, – asegura Xavi – cambiamos la furia por el balón”.

 

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