Nostalgia

Guido Monis: El gaucho que domó a la perfección el béisbol

Por: Manolo Vargas.

Nos habíamos conocido en una ocasión no tan grata, defendíamos diferentes colores, él la de Ferro y yo la del Comunicaciones, su equipo luchaba por mantener la categoría, el nuestro luchaba por ascender, fuimos rivales desde antes de haber cruzado la primera palabra. Admito que muy por encima del respeto que le tengo a todos los lanzadores, cuando me paré a batear, generó incógnitas sobre lo que yo podía hacer por todas las historias que me habían comentado sobre él.

Tuve la suerte que el juego estaba casi escrito, ambos sabíamos lo que teníamos que hacer, yo me sacrifiqué para avanzar a mis compañeros a posición de anotar, él tiró a la primera y me retiró, sólo un lanzamiento y ambos habíamos hecho el trabajo como lo marcaba el famoso librito. Ese partido, que fue el último para mí en territorio argentino, tuvo saldo favorable su equipo y al finalizar no pasamos más allá del saludo y un bien jugado por par parte de ambos.

Días más tarde y antes de volver a México, decidí tener una plática con él, cuando pusimos el punto de reunión descubrí que teníamos más en común que sólo ser zurdos, pactamos nuevamente como escenario el Estadio Nacional de Beisbol de Ezeiza, que nos quedaba como a dos horas de nuestras casas, una locura habiendo tantos lugares céntricos en Capital Federal pero después entendí que sólo ese era el lugar perfecto para las historias que tenía para contarme.

Tenía 10 años cuando el club Ferrocarril Oeste originario del Barrio de Caballito, pasó por las calles de su casa mostrando las diferentes disciplinas que podían practicar en el verano, alguien le había comentado que al ser zurdo, el practicar béisbol se le haría más fácil, así que decidió iniciarse en ese deporte. El iniciarse en un deporte que es poco común en la Argentina era muy complicado y le generó miradas como si en lugar de ver a un niño con ilusión de practicar algo diferente, estuvieran viendo a un bicho raro.

“Era complicado, la primer pregunta que te hace la gente sobre ese deporte en Argentina es: jugás béisbol?, bien, bateás o agarrás?, bateás o tirás?, entonces tenés que explicarle lo que es el deporte y cómo se van modificando las reglas según la categoría a la que pertenecés. Algunos hasta te retan y te preguntan, ¿por qué jugás este deporte?”.

Guido no entendía en ese momento que el deporte que el practicaba no era vistoso, que para la mayoría del país era intrascendental lo que él hacía, sin embargo para él era el reto de no sólo coordinar su cuerpo sino también las herramientas llamadas bate, pelota y guante, algo externo de su cuerpo que le permitiera hacer las jugadas adecuadas en el béisbol.

El esfuerzo constante le dio frutos y a los 16 años formó parte por primera vez de la selección de béisbol argentina. En ese entonces él era suplente como jardinero y en sus primeras apariciones en el plato, no le había ido tan bien.

“Lo recuerdo bien, fueron dos ponches. Una ocasión cuando tenía 17 años, Mariano Spotorno (actual entrenador de la selección nacional de béisbol) me dijo que tenía buen brazo y que era zurdo, él me generó la pregunta más importante hasta esos días, ¿vos por qué no estás pitcheando?”

Fue un año intenso donde no sólo se dedicó a aprender una mecánica y sus lanzamientos, sino buscar perfeccionarlos. Eso demoró un año porque para sus 18 años ya era integrante de la selección mayor de béisbol de Argentina.

Tomando en cuenta que el béisbol no puede ser redituable en un país donde no es muy conocido, su carrera con la selección fue inestable debido no había una remuneración económica y a su edad ya había que ganar dinero.

“Siempre estuve ligado a la selección salvo en unos años donde tuve que elegir entre entrenar o trabajar, si bien me mantenía entrenando y jugando con Ferro, no tenía el tiempo para jugar en la selección. Fue hasta 2010 cuando me pude consolidar como elemento constante de la selección”.

En ese 2010, la Federación Argentina de Beisbol había iniciado un nuevo proyecto, donde vinieron jugadores que participaban en ligas profesionales de Europa junto con algunos jugadores que se encontraban jugando dentro en el país, para realizar un trabajo que le dio resultados muy favorables al béisbol gaucho en corto plazo.

“Se juntó toda esa gente que estaba afuera, se juntó mucho conocimiento, en un equipo compacto. Tuvimos un viaje a un sudamericano en Medellín donde logramos una medalla de Bronce, eso nos permitió tener un proceso de cuatro años más y donde sabíamos que esa generación podía hacer algo más”.

La base de ese equipo con integrantes que se iban incorporando dieron tres campeonatos consecutivos en Argentina 2011, Chile 2012 y Ecuador 2013 que significó el mejor escalonamiento en la historia del béisbol argentino en la IBAF.

“Fueron tres o cuatro años donde nos conocimos mucho, teníamos una identidad, sabíamos cuando empezábamos a batear, cuando sabíamos que nuestro pitcher estaba mal, creo que esa base marcó un antes y un después del béisbol argentino”.

Entre todas las anécdotas que se generan en un lapso donde se van dando las cosas y es un constante ganar, era difícil preguntarle a Guido por uno de esos momentos que le hubieran cambiado la vida estando en el béisbol.

Arriesgué por esa historia que me habían contado de él, cuando sube en la final del sudamericano de Chile contra Brasil después que los gauchos habían empatado de manera milagrosa.

“Me lo recordás y se me pone la piel chinita, habíamos estado en un duelo constante, ellos se fueron arriba por una y todo el partido se fue intentando hasta el último out. Teníamos corredor en segunda con dos fuera y de pronto los brasileños empezaron a saltar y a gritar dale campeón, dale campeón y nosotros sabíamos que el juego todavía no había terminado”.

Los libros y las películas suelen escribir las historias que todos nos gusta leer o mirar. Pero habían sido los mismos gauchos quienes a base de esfuerzo habían emparejado con un sencillo productor de Martín Mondino que provocó una mentalidad tan fuerte por buscar la victoria, la descripción de Guido para ese momento fue: “Es como cuando Popeye comía las espinacas para hacer algo casi imposible”.

Él había estado calentando desde el sexto episodio, es llamado por su entrenador en la parte baja de la novena con corredor en la primera sin outs, logra salir de la entrada sin problemas y ahí es donde su mente le dice: “Si resolvimos esto, este partido se tiene que ganar. Anímicamente la victoria es nuestra”.

El partido les dio en la entrada siguiente a los argentinos, todo lo que no les había dado en el juego. La victoria estaba tan cerca pero faltaba sacar los tres outs restantes.

“Cuando nos ponemos arriba, ya como que se desinflaron. Cuando yo lanzaba ya estaba agrandadísimo, no tanto por lo que era como pelotero, sino porque así me sentía como persona en ese momento, ellos sólo bateaban para defenderse. Ahora             viendo el video, admito que me pongo más nervioso, porque adentro se sentía tanta adrenalina que cuando empatamos salimos corriendo desde el bullpen hasta el home a celebrar el empate, es la unión que teníamos en ese equipo”.

Un momento como ese, tiene efectos secundarios de alegría muy fuertes. Para él, el siguiente paso era uno de los más importantes, algo que siempre soñó y que tuvo oportunidad de hacer en varias ocasiones, escuchar el himno de su país con la bandera en lo más alto.

“Siento que el himno, estés preparado o enojado, estés bien o estés mal, suena el himno y es siempre la misma sensación, desde la primera vez que lo escuché y hasta ahora, suena el himno y estás con todo tu equipo, pero atrás está tu familia, tus amigos, está tu país, están tus años de entrenamiento, está tu equipo que te ayudó a entrenar, está todo, no es sólo algo que pasa en Argentina sino creo que en muchos países, es como lo que te faltaba para entrar a jugar”.

Mientras pasaba ese mediodía soleado, me daba cuenta que la situación de Guido era diferente a la de muchos peloteros sean profesionales o no. Algunos tenían la posibilidad entre quedarse con el equiponque les ha dado y enseñado todo o cambiarlo todo cuando ya no se siente a gusto, o existen mejores posibilidades en otro plantel. Sin embargo, la historia entre él y el club verdolaga no tiene tintes de amor de pareja, pero sí de amor de familia.

“Ferro es mi casa, es mi casa y mi familia. Sobre todo cuando es la que te da la base de ser todo lo que vos sos, siento que si no hubiera sido por Ferro no hubiera llegado a ser lo que hoy soy, creo que el club ha sacado buenos deportistas, aunque desafortunadamente me tocó en un deporte que no es tan conocido, me siento parte de esa elite, lo sé yo y es suficiente. Ferro te da apoyo en el club y un cariño, los que jugamos en Ferro somos fanáticos del club y del futbol, vamos a la cancha a alentar al equipo siempre, en fin, es imposible el irme”.

La plática nos llevaba a temas generales en los que resaltaba lo que le hubiera gustado tener en su país como fanático al béisbol y que hasta hace poco tuvo la oportunidad de lograr que era vivir en una ciudad donde existiera una plaza de béisbol profesional como lo fue, su estancia temporal en Toronto, Canadá.

“Disfruté mucho, es una ciudad beisbolera, donde respetan al beisbolista, donde tienen la cultura del béisbol, donde te respetan si vos sos bueno, si no lo sos pero si jugás al beisbol, tenés la oportunidad de expresarte. Viví mi oportunidad y mi experiencia, el béisbol es popular y tienen equipo en MLB, cuando decís juego al béisbol, ya te miran diferente y eso es fantástico. Quise estar en una ciudad donde el deporte es visto como popular y fue increíble”.

La tarde me fue dando confesiones de su parte, como aquella que a sus 36 años no pierde la oportunidad de llegar a estar como un pre clasificatorio del Clásico Mundial de Beisbol, le gustaría llegar como jugador haciéndose a la idea, que si Bartolo Colón sigue lanzando a sus 42 años, él llegaría sin problemas, sino al menos le gustaría llegar como parte del cuerpo técnico si es que se da la oportunidad.

Antes de despedirnos, Guido me dijo que no había existido una mejor elección sobre su niñez y juventud que el haber elegido el practicar béisbol. Se considera afortunado no sólo por el apoyo que tuvo por parte de sus padres desde un inicio al optar por este deporte, tan poco conocido y que más que cualquier trofeo individual o de conjunto su mejor regalado había sido las personas que ha conocido en el terreno o fuera de él, los amigos que se han vuelto familia y que si en algún momento alguien necesitara de su persona para aprender del deporte lo haría aunque no hubiera nada a cambio.

“No puedes ser malagradecido con eso que te ha dado una de las mejores alegrías de tu vida”, fue lo que dijo antes que nos despidiéramos en el subte de la línea B que me llevaría a un rumbo diferente a él después de haber estado por unas cuantas horas en el mismo terreno e incluso en el mismo camino.

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