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Josep Guardiola

“He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la falta de locura” – Carlos Monsiváis.

Alguna vez fue Monsiváis, años después sería el de Santpedor. A pesar de que Guardiola nunca citó al escritor mexicano o declaró algo parecido que pusiera en cuestionamiento su humildad e inteligencia, lo vivió. Atestiguó el cambio tan conservador que sufrió el futbol, lo odió, se preparó, y regresó para recordarnos un estilo que ahora se aprecia tan lejano e inverosímil. Un estilo que supera la imaginación.

Primero Rinus Michels, de la mano de Cruyff, sacó a la luz con Holanda lo que ahora conocemos como: “futbol total”. Fue magnífico, una obra digna de Shakespeare que terminó en tragedia. Nunca pudieron capitalizar su juego con un título. Años después, en un país africano, renunciarían a sus raíces para contrarrestar el futbol que alguna vez les otorgaría el apodo de la naranja mecánica.

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Después Guardiola sería el núcleo del Barcelona dirigido por Cruyff, el pivote que mantenía en circulación la pelota, con un toque desde media cancha movía los hilos dentro del terreno de juego. Juan Villoro, en su libro “Dios es redondo” lo definió de la siguiente manera: “Digamos, solamente, que hubo una vez un atacante tan rezagado que inventó la ofensiva en la defensa”. Por otro lado, Jorge Valdano dijo: “Se trata del mejor entrenador con el balón en los pies”.

Eso representaba el número cuatro como jugador: un crack silencioso, ajeno a la fama que otorga el futbol y paradójicamente, lejos del protagonismo. Pep nació para dedicarse al futbol, y el futbol lo sabía, lo esperó y se dejó caer en los brazos del catalán para que lo rescatara de la tendencia inglesa e italiana de jugar al balonazo y la especulación.

Pep Guardiola heredó un Barcelona en declive, lleno de estrellas mundiales que debían salir del club. No le tembló la mano y se deshizo de Ronaldinho, el responsable, por cinco años, de las alegrías del Camp Nou. Acertó, era una decisión amarga que se olvidaría por la dulzura de los títulos. Confió en los españoles que habían sido rezagados durante mucho tiempo y aprovechó la inercia motivacional con la que llegaron esos jugadores después de ganar la Eurocopa con Luis Aragonés, y le presentó al mundo el Tiki-taka.

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Implementó en Busquets lo que él, alguna vez hizo en las canchas, un desahogue para darle un respiro a Iniesta, Xavi y Messi. Retomó lo que alguna vez fueron los extremos y los laterales con llegada a línea de fondo. Causó un choque intercultural tan fuerte que sigue siendo complicado definir a ese Barca. Guardiola fue en contra de la tendencia humana de complicarnos todo, se aferró del balón, donde todo empieza, y se enfrentó contra una generación secuestrada por “la tentación de perder el futbol con el pretexto de ganarlo” (Esta última frase la escribió Juan Villoro en su libro en compañía con Martín Caparrós: Ida y Vuelta).

Pep tuvo como acérrimo rival a José Mourinho. Desde que entrenaba al Inter de Milán, el Portugués entendió que la clave para ganarle al equipo de Pep, era emplear en la cancha todo lo contrario a lo que el Barcelona hacía: Cerrar espacios a tal extremo que el delantero centró tenía que jugar de lateral. Con el Madrid fue lo mismo, además del uso de la agresión para intimidar a los blaugrana. Esto exhibió a José Mourinho como el “anti-futbol”, en lo personal no lo creo así -pero ese es otro tema-. El técnico del Madrid entendió que no había otra forma de vencerlos. Al final, el balance es a favor de Guardiola, lo que engrandece su figura.

En el 2012 dejó al Barcelona rodeado de rumores que no valen la pena mencionar aquí porque sólo quedaron en eso, rumores. Emigró a Estados Unidos, un país que no gusta del futbol, pero disfruta de otros, tanto como Pep del balompié. Se ausentó durante un tiempo, hasta que se anunció su decisión de sustituir a Heynckes en el banquillo del Bayern Munich para la actual temporada.

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Loco. Sólo de esa forma se puede describir a una persona que decide entrenar al equipo que mejor estaba haciendo las cosas en ese momento y sustituir al técnico que posteriormente ganaría todo con el equipo bávaro. Loco.

“Que ser valiente, no salga tan caro. Que ser cobarde, no valga la pena” –Joaquín Sabina.

Ir a entrenar a Alemania, dónde el futbol se ha basado a través de los años en lo físico y el orden táctico, es la muestra perfecta de que la locura de Pep Guardiola no tiene fronteras. Hoy en día las críticas se hacen presentes, producto del choque cultural que se está viviendo, sin embargo el Bayern cada día se muestra un poco más loco en la cancha.

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@kikejau
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Mexicano en Londres. La Congeladora es un proyecto personal con el firme proposito de darle voz a quienes no la tienen. ¿Voz Autorizada? Toda voz que tenga una opinión es autorizada para participar. contacto: ricardo@lacongeladora.com

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