Beisbol

Kansas City, ganar para ser un equipo Real

En el deporte existen los equipos denominados cenicienta, esos que enamoran por el carisma, por la garra, por el corazón que le ponen a cada jugada, esos que en un destello llegan hasta las últimas instancias y que como en toda película romántica, quisiéramos que terminaran con un final feliz, a veces llega a suceder, otras no.

Los Reales de Kansas City, ese equipo que constantemente deseaba que al final de la campaña sus derrotas no tuvieran 3 dígitos, aquellos que tenían que aguantar lo más que se pudiera a sus entrenadores porque sabían que el problema no era en la dirección, sino que su franquicia tenía una baja de juego y el problema era que sus jugadores no estaban al nivel de la división, por mucho que fuera la más débil de la Liga Americana.

Habían pasado 4 años desde que Zack Greinke dejó el Kauffman, un lanzador que estaba más que destinado a ser una gran promesa y que necesitaba cambiar lo más pronto de organización para lograrlo, a ello se le agregó la salida del mexicano Luis A. Mendoza a finales de 2013 para probar suerte en el béisbol asiático, la reestructura en Kansas era casi un hecho, el fin no era quedar último de la división, sino último de todas las Grandes Ligas.

Inició el 2014 sin reflectores, una base de jugadores latinos, complementado con jugadores promedio y la compra del lanzador estelar James Shields empezó a rendir frutos para los Reales.

Tener un récord ganador después al Juego de Estrellas, mostraba que el equipo tenía oportunidad no sólo de dejar los últimos lugares de la liga, sino de incluso pelear por un comodín que terminarían jugando con los creadores del Moneyball, los Atléticos de Oakland que habían iniciado una grandiosa temporada hasta que soltaron a una pieza clave muy importante, Yoenis Céspedes.

El partido en el estadio de los Reales fue de lo más extraño, se enfrentaban los mejores lanzadores por cada equipo, Shields por los Reales y John Lester por los Atléticos, ambos fueron bajados con varias carreras en contra y se fueron sin decisión.

El partido fue a extrainnings igualado a siete carreras. La alta de la décima segunda entrada trajo una carrera para Oakland, sin embargo el cierre de esa entrada trajo algo más que sólo el pase a siguiente ronda.

Después de haber empatado el partido en los spikes de Eric Hosmer impulsado por Christian Colón, el receptor Salvador Pérez, quien había fallado en casi todos los turno al bat tomó una recta de Dan Otero y pegó una línea por toda la línea de tercera base que el antesalista de los A’s en ese momento, Josh Donaldson no pudo detener, el Kauffman explotó, el júbilo en las gradas no iba cesar, evidentemente la espera había terminado, después de 29 años la ciudad de Kansas volvería a vivir partidos de postemporada.

Su llegada sería en contra de Anaheim, un equipo que conocía estas instancias y que tenía jugadores muy experimentados, sin embargo la motivación y la unión que tenían los Reales los llevó a barrer la divisional a Angelinos y en la Serie de Campeonato a los Orioles de Baltimore. La Serie Mundial la jugarían en contra de los Gigantes de San Francisco.

Después de disputar los siete juegos y perder el Clásico de Otoño en su casa, Kansas había provocado que el aficionado a las Grandes Ligas lo volteara a ver, sin embargo no lo recordarían por el simple hecho de no haber logrado el campeonato.

Como todo equipo que logra algo trascendental, al equipo se le quitarían algunas piezas como el jardinero derecho Nori Aoki, el designado Billy Buttler y el mismo James Shields. No obstante, la plantilla no estaba tan desmantelada y con algunos refuerzos volverían a tener posibilidades de acercarse a postemporada.

El equipo trajo a los dominicanos Johnny Cueto y Edinson Vólquez, lanzadores que prácticamente toda su carrera estuvieron en la Liga Nacional, trajeron a media temporada a Ben Zobrist a cubrir la segunda base y a Alexis Ríos quien junto con el debutante brasileño Paulo Orlando, se encargaron de resguardar la pradera derecha.

El equipo no sólo fue fuerte de principio a fin, demostró que la organización no había llegado por suerte a la final, sino que la consolidó y la hizo de respeto en todos los parques de la MLB.

No tuvo problemas para adjudicarse el banderín de la división central y hasta ese momento era serio candidato a llevarse los máximos honores de la liga, sólo tenía un equipo que probablemente se lo impediría, los Azulejos de Toronto.

En enfrentamiento divisional se enfrentó al caballo negro, los Astros de Houston, un equipo que venía motivado por haber echado a los Yankees de la posibilidad de jugar postemporada y que incluso tuvo a los Reales contra las cuerdas, sin embargo cometieron errores importantes, errores que aprovecharon en Kansas para darle vuelta a la serie y llegar nuevamente a la serie de campeonato, donde se enfrentarían a los Azulejos, equipo que también vino de atrás para vencer a los Rangers de Texas.

En la final de campeonato parecía difícil de pronosticar quién podría llegar a la Serie Mundial, ambos equipos muy fuertes tanto en su cuerpo de lanzadores como ofensivamente, no se sabría si ganarían con bateo o como pitcheo, al final cada juego le da a uno o le quita al otro, a veces en todo un juego, a veces en una entrada, a veces en un pitcheo.

El Kauffman pesó, le dio tres de los seis juegos que se disputaron en la Serie de Campeonato de la Liga Americana, para llevar nuevamente a su equipo a la Serie Mundial.

En estas primeras décadas del siglo XXI, casi se ha descartado que equipos que han llegado al Clásico de Otoño pudieran volver a hacerlo al año siguiente, los Filis lo lograron en 2008 y 2009, la primera la ganaron y la segunda la perdieron. En 2014 y 2015, los Reales de Kansas City, fueron los encargados de representar a la Liga Americana en el Clásico de Otoño. Sus rivales, los Mets de Nueva York, el equipo que había logrado su último cetro, justamente un año después que los Royals consiguieran su única Serie Mundial.

Era un duelo de demasiadas millas, era comparable si se medían a la hora de lanzar, pero diferentes a la hora de batear. Los Mets, llegaron con muchos cuadrangulares a la Serie Mundial, los Reales habían bateado a la hora que debían hacerlo. Cada quien llegó según las estrategias convenientes.

Al final, la Serie Mundial le llegó a quien fue certero, no al que siempre fue adelante, sino al que fue adelante en los momentos importantes. Ganó el que entendió que fallar a estas alturas, después de cargar casi 180 juegos, se paga con no ser recordados en lo que para este deporte es casi lo más importante, la estadística.

Ganó Kansas City, no ganaron por que la gente lo haya querido, ganaron porque ya habían estado ahí, hace poco, cuando fueron el equipo cenicienta, ahora volvieron, para ganar, para ser un equipo real.

 

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