Congeladora

La paradoja de una afición moralista

Esta semana he estado releyendo algunos textos de Osvaldo Soriano de su libro Arqueros, ilusionistas y goleadores. En uno de ellos, titulado “Gallardo Pérez, Referí” narra una historia sobre las presiones a las cuales eran sometidos los árbitros cuando el autor era un niño y fungía como personaje importante de una historia que posteriormente escribiría. En ese entonces, cuando el equipo local ganaba el referí era premiado con una botella de vino, cuando no, el referí podría acabar preso, no sin antes haber recibido una tremenda golpiza.

El día de ayer, después de la escandalosa decisión de Mark Geiger al marcar un penalty inexistente a favor de la Selección mexicana y mientras los panameños trataban de golpear al árbitro, parte del cuerpo técnico mexicano y algunos compatriotas que se encontraban vitoreando a favor de los suyos y muy probablemente en contra de ellos, se desató un debate en las redes sociales sobre si fallar el penal a propósito sería la mejor decisión para apoyar el Fair Play.

En el texto de Soriano se lee la historia de un equipo visitante (Confluencia) que salió a enfrentar el encuentro con una suerte desmedida y un equipo local (Barda del medio) invencible en su cancha que salió con la puntería descompuesta, pero eso se podía enmendar con la ayuda arbitral, que siempre les favorecía, no por convicción, sino por miedo a que la afición les tumbara los dientes. Por las mismas razones, todos los equipos que llegaban a ese campo nunca vieron factible ganar un partido ahí. Preferían no arriesgarse.

El juicio que emitieron algunos sobre el destino del penalty me parece cuestionable, y más viniendo de una afición moralista por conveniencia, que no todos los fines de semana apoya la causa de que se fallen todos los penales que se marcaron por una equivocación del árbitro. Las referencias que se han hecho sobre otros casos en los que se ha decidido fallar un penal, decirle al árbitro que fue actuada la caída y que no tendría que haber marcado falta, incluso meterse un gol en propia puerta para emparejar un partido que no tuvo que haberse desemparejado desde un principio, son actos provenientes del intento de trampa de algunos jugadores. Ayer no hubo simulación por parte de Esquivel, se marcó una mano en el área. Ahora, estoy convencido que no era penal, que el árbitro se equivocó, como en innumerables partidos que incluso ya no recordamos, por ser parte de la cotidianidad de este deporte.

Antes de empezar el partido entre Confluencia y Barda del medio, el referí Pérez Gallardo visitó el vestuario del visitante para recomendarles que no trataran de hacerse los vivos y que respetaran la jerarquía del equipo local. Los jugadores lo escucharon con atención y aceptaron de buena manera su recomendación, incluso le dijeron que lo acatarían como una orden con tal de que les protegiera las piernas de la rudeza de los contrarios. El referí aceptó y el encuentro comenzó conforme lo planeado, Barda del medio dominaba el partido y Confluencia no hacía mucho para que no llegaran a su arco. Pero ese día los locales no podían meterle gol a un arcoiris y entonces, Pérez Gallardo decidió expulsar a dos jugadores visitantes y marcar dos penales que salieron por encima del larguero. A cinco minutos del final, el lateral izquierdo de Confluencia despejó un balón que le cayó al narrador después de una pifia defensiva de su marcador, amagó al portero y anotó un gol que no llegó a escuchar consumarse a través del silbido del árbitro porque el escándalo en la grada y el ruido de la gente insultándolos mientras invadían la cancha para golpearlos resultaba ensordecedor.

Concibo el deseo de que se fallara ese penal como parte del divorcio de una afición con su Selección, que finalmente no se siente representada por un equipo que sí representa a las televisoras y a tantos otros patrocinadores que pagan muy bien. A la afición mexicana – como alguna vez lo escribió Octavio Paz refiriéndose a toda una sociedad – “más que el brillo de la victoria, nos conmueve la entereza ante la adversidad”. Cuando la Selección se ridiculiza y ganamos, todo pierde sentido, ¿a quién apoyamos?. Lo que más tristeza me da era escuchar el apoyo de los paisanos en el estadio, siempre borrachos de melancolía, como sin saber qué era lo que estaba pasando, qué era lo que pensaban muchos de los que veíamos el partido por televisión pero nos divertíamos más viendo lo que se escribía en Twitter. Voy a tomar en serio a los aficionados que pedían que se fallara un penal cuando apoyen la misma causa cada fin de semana, cada penal mal marcado.

Después de recibir una golpiza y ser detenidos en la comisaría del pueblo, finalmente los jugadores de Confluencia fueron deportados en camiones destartalados. Pérez Gallardo iba en el camión y cuando se percató que el anotador del gol iba a su lado le dijo:

-Si lo vuelvo a encontrar en una cancha lo voy a arruinar, se lo aseguro.

-¿Cobró el gol?- le preguntó

-Claro que lo cobré- dijo, indignado, y parecía que iba a ahogarse-. ¿Por quién me toma? Usted es un pendejo fanfarrón, pero eso fue un golazo y yo soy un tipo derecho.

-Gracias- le dije y le tendí la mano. No me hizo caso, se señaló los dientes que le faltaban.

-¿Ve?- me dijo-. Esto fue un gol de Sívori en un orsai. Ahora fíjese dónde está él y donde estoy yo. A Dios no le gusta el futbol, pibe. Por eso este país anda así, como la mierda.

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3 Comments

3 Comments

  1. Fede Navarra

    24 julio, 2015 at 12:27 am

    Soy aficionado del Atlas y cada semana durante toda mi vida he deseado que mi equipo pueda ser campeón pero irle a un equipo pequeño también me enseño que el amor que le tengo al Atlas no esta basado en la cantidad de goles ose victorias obtenidas sino en la capacidad que tenemos todos los rojinegros de disfrutar el juego que muchos moriríamos por haber jugado profesionalmente.

    Cada fin de semana he aprendido a ser autocrático con mi propio equipo y muy critico con el adversario y por eso ahora más que nunca me doy cuenta que más vale ser digno y honorable que campeón; ayer se debió de haber fallado el penal porque más vale regresar a casa con honra que levantar una copa con trampas. Cuando le vas a un equipo que nunca levanta una copa comprendes que lo importante nunca ha sido ganar, lo importante es jugar y disfrutar del espíritu del juego, sin ese fair play y sin esa honorabilidad el fútbol se convierte en tan solo una profesión y perdón por estar en total descauerdo contigo pero el fútbol es mucho más que eso. Lo de la doble moral me lo pienso, el león cree que todos son de su condición.

  2. Miguel Lapuente

    24 julio, 2015 at 2:30 am

    Primero que nada me gustaría agradecerte por leer mi artículo y por mandarme tu comentario y me gustaría decirte que yo soy aficionado del Necaxa, un equipo que no se encuentra en mejores condiciones que el Atlas y también sé lo que representa apoyar a un equipo con esas características. Me gusta la parte romántica del futbol, la fomento en algunos de mis escritos, pero sí de algo estoy seguro es que la honorabilidad en el futbol es muy subjetiva y muchas veces abusa de la ingenuidad de los aficionados. Sería tonto pensar que hoy en día el futbol no es un oficio u profesión. Lo es. Estrictamente lo es. Es una profesión que conlleva pasiones, muchas de ellas justificadas, muchas de ellas no. Siempre dependiendo de donde estés parado. Yo con mi artículo no trato de fomentar la doble moral, la critico y lo reafirmo: no conozco a nadie con la autoridad moral para haberle pedido a Guardado que falle el penal.

    Saludos y muchas gracias otra vez. Si algo hay que fomentar hoy en día es el diálogo e intercambio de opiniones. Ya sabes donde encontrarme.

  3. Michel Juraidini

    24 julio, 2015 at 5:11 am

    ¡A rezar para que vuelva la gloria necaxista, perro!

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