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La virtud de inspirar miedo, o cómo la Juventus de Turin le ha ganado el último campeonato y medio a la Roma

48345-bonucci-e-totti-durante-juventus-romaEl empate a uno protagonizado por la Roma y la Juventus en el partido de ayer afirmó lo que llevo pensando desde hace un par de temporadas: el fútbol italiano apesta a miedo.

El temor a ser grande, la mentalidad ganadora que se hace conocer en las conferencias de prensa pero que se derrumba ante el silbido inicial, las piernas tiemblan y la creatividad disminuye a categoría llanera. Ayer, todo esto le pasó a la Roma; con un proyecto que parece despegar sólo a medio vuelo, llegó Rudi Garcia e hizo una excelente temporada con una de las mejores parejas de centrales en Europa (Castan/Benatia), una media tan propositiva como rompedora (Pjanic/Strootman/De Rossi), una leyenda viva en gran nivel (todos sabemos quien es) y unos jovenes con el hambre suficiente para comerse al calcio (Florenzi/Destro). Sin embargo, no pudieron con la Juventus. Conte jugó a lo suyo, ganó partidos que debería de haber empatado y empató partidos que debería de haber perdido; con ayuda del árbitro, de la camiseta, de lo que sea, la Juventus se impusó y le sacó a la Roma una ventaja al cierre de temporada que no demostraba ni de cerca el juego de ambos equipos. Porque la Roma empezó con una racha de victorias impresionante, pero estuvo a punto de igualarla con empates ante rivales de baja categoria y la Juventus asechó, lento pero seguro, al final ganaron su tercer scudetto consecutivo y la misma historia de siempre, shala-li-shala-la.

Antes que nada, me gustaría decir que admiro con toda mi alma a Paul Pogba, no he visto un sólo jugador de esa talla y categoría desde hace diez años, nunca he sido de esos que inflan a sus futbolistas preferidos, pero una acción en el partido de la semana pasada contra el BVB me convenció. Fue cuando Lichsteiner rechazó a tiro de esquina un balon facil y libre que Buffon tenía controlado con la mirada, por lo que lo empezó a regañar derivando en una discusión hasta que Pogba, con soltura y buen grito, calmó a los dos veteranos y los preparó para la jugada; y solamente con veintiún años. Por eso y porque es el verdadero pilar de la mediacancha a tan pronta edad, posee un manejo de los tiempos y una velocidad para tomar decisiones que ya ni siquiera me importa que Pirlo este en el campo. Bueno, a lo que voy es que, salvo Pogba, Tevez, Vidal y el antes mencionado Pirlo, el equipo es bastante mediocre. La mentalidad es lo que los ha llevado a donde estan ahora, muy cerca de su cuarto scudetto consecutivo. Y no es que, futbolisticamente hablando, la Roma no pueda con ellos, es que el miedo que irradia la camiseta bianconeri es para meterlos al psiquiatra a todos. Ni el poderosisimo Real Madrid galactico del olimpo le mete tanto miedo a sus contemporáneos españoles. Y eso es algo que se gana día con día, porque llegas a entrenar para ser campeón, no te entretienes pensando en quien está arriba de ti, no importa lo que se diga en las ruedas de prensa (Salud, Rudi), la mentalidad se forma todos los días, a todas horas, en todos lados, contra quien te toque.

Continuando con el estado de la Roma, acabó la temporada pasada de manera muy floja, llegando a hacer el ridículo en ocasiones, pero manteniendo la esperanza viva de que la 2014/2015 iba a ser la buena… Se fue Benatia, llegó Manolas y Mbiwa, Strootman se perdio el mundial, Nainggolan se puso en modo dios, se hicieron promesas y jornadas después no le pueden meter gol al Parma en el Olímpico (con todo respeto). Digo, no quiero sonar pesimista, la temporada se comenzó a buen nivel, con Iturbe y Ljajic agarrando el camino, De Sanctis cagandola pero la defensa entendiendo el juego de Rudi, el mediocampo respondía bien hasta que los partidos se empezaron a ganar por casualidad. El tiro libre de Pjanic al último minuto, el desgaste de la banda por parte de Florenzi, verdaderas genialidades del eterno capitán, los ejemplos son muchos y las individualidades empezaron a salvar a la Roma del temprano descalabro, pero la Loba no es ninguna señora, ni es tan vieja… Llegó el 1-7 contra el Bayern por culpa de un planteamiento cargado de una soberbia impensable para un equipo como lo es el dirigido por Rudi Garcia. Pero la esperanza no murió ahí. Se quedó hasta el empate que consiguió el CSKA en Moscu. Allí fue cuando valio madres para la Loba y, en cierta forma metafórica, para los equipos italianos que intentan quitar a la Juventus de la cima. Dependiendo de un gol a final del primer tiempo y ni defendiendo ni atacando como se debe, el resultado demuestra la impotencia que se tuvo, por eso los culpables no son las lesiones (aprovecho para mandarte un mensaje, Kevin, si la rodilla no te da para más es que el fútbol no te merece, la mediocre selección de tu pais hubiera llegado a la final y hubieran caído otra vez de manera humillante, todo esta mejor así, ten fé), ni siquiera el legado que dejó Conte en el banquillo, simplemente es la mentalidad que los jugadores tienen metida en la pinche cabeza, porque, seamos honestos, Allegri no merece ser recordado por triunfar en ningun lado y Rudi debería de meterse en la cabeza que le falta mucho para ser un genio experimentador del fútbol, que se consiga un nueve que no sea de cristal y todo listo. Hace falta sacarse complejos de la cabeza y empezar a jugar con descaro, sin ningun tipo de respeto porque en la cancha lo único que se debe de respetar es la pelota. Por eso ayer me gustó la actitud de Iturbe al entrar, y tambien por eso debo de ser de los pocos romanistas que sienten necesario el retiro de nuestro capitán, debe de haber un cambio en la mentalidad (quiero y hasta me siento obligado de aclarar, no es mi intención echarle mierda a nadie, mucho menos al maestro del cucchiaio, pero sí es sano hacer cambios importantes, si no, no se puede aspirar a un proyecto serio).

Para terminar con mi pequeño y delirante “rant”, quiero recordarle un dato a mi fiel lector: desde aquel glorioso scudetto del 2001 la Roma lleva siete subcampeonatos y va hacia el octavo; por alguna razón, me hace pensar en otro equipo y me empiezo a morir del miedo.

Por Michel Juraidini, escritor y autor del libro Música Para Hospitales.

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