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Recuerdo porque leo

El martes me encontré con la estupenda noticia sobre la campaña que había lanzado la revista Líbero: Futbol vs Alzheimer, una gran idea con dosis de melancolía y ternura, dos elementos imprescindibles para los amantes del balompié.

La idea también me hizo reflexionar sobre el poder de la lectura y una respuesta del escritor Jorge F. Hernández cuando le preguntaron en una entrevista quién era: “Sobre todas las cosas, lector. Paso la mayor parte del día leyendo…Es una enfermedad tan gozosa que simplemente vivir ya es una lectura”.

En el ámbito de los deportes, Juan Villoro me ha mostrado con sus párrafos entrañables una manera distinta de ver el futbol, con aforismos deslumbrantes para mi inmadurez intelectual, me ha contado de gran manera el Mundial de Francia 98, un Mundial que observé con la inocencia de un niño de siete años, y la más importante de todas, por inverosímil que le pueda parecer a mis allegados, me ha hecho simpatizar con un barcelonista. Galeano me llevó de la mano a los orígenes del futbol y me expuso las incongruencias que fueron adaptando en el camino. Caparrós me enseñó lo que significa el amor por un equipo junto con Nick Hornby, mientras que Sérgio Rodrígues me trasladó a los años románticos del futbol brasileño. Javier Marías me ha consolidado mis valores madridistas y reafirmado mis argumentos para amar a un equipo, cuando el mismo equipo hace todo lo posible para que renuncies a él. Incluso el mismo Jorge F. Hernández me ilustró con lo que él llama “filosofía con gorra” para apreciar valores que nunca pensé considerar sobre un deporte como el béisbol, que en sus palabras: “remite a los sabores entrañables de la infancia y nos planta asombrados como si fuéramos un solitario jugador pintado por Abel Quezada a la espera de capturar una bola que garantice el tercer out o como si fuéramos personajes anónimos del paisaje de Paul Auster. El béisbol incita al recuerdo y al reconocimiento de las ilusiones simples que nos dejan expectantes, a la espera de volver a ver cómo vuela la pelota que lanzamos al aire cuando éramos niños y que afortunadamente no ha dejado de caer”.

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La lectura es tan poderosa que puede transportarnos a eventos en los que no estuvimos presentes, transmitirnos sentimientos ajenos que hacemos propios con el tiempo, y sobre todo, recordar eventos que nuestra memoria no ha borrado del todo, simplemente se encuentran escondidos, y son los mismos sentimientos los que nos regresan las imágenes y el conocimiento oculto.

En otro artículo de Jorge F. Hernández titulado “poder leer”, el escritor hace otra aseveración extraordinaria: “veo porque leo”. Con esta campaña que ha decidido poner en marcha la revista Líbero se presenta otra aseveración digna de aplaudirse: recuerdo porque leo.

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