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Ganar: un estilo

Desde que Zidane asumió el cargo de entrenador del Real Madrid, se habló y escribió acerca de la falta de estilo que padecía el equipo; de la forma en la que ganaba sin convencer, casi por accidente. Ahora que volteamos atrás y vemos dos Champions, una Liga y un Mundial de Clubes, el estilo del Madrid se reduce a ganar. El estilo ha pasado a ser la historia.

Pertenezco a una generación que se hizo madridista viendo el taconazo de Redondo, a Raúl meter goles a racimos y a aquel gol, que definió Javier Marías como “Caido del cielo” de Zidane en la Final de Glasgow.

Como parte de aquella generación, fui testigo de la formación de un equipo galáctico que tenía como misión dominar la Liga y llevar más “Orejonas” a las vitrinas del club. Pero las sustituciones de técnicos – o mas bien, la sustitución de Vicente del Bosque – mermó las aspiraciones planteadas. No se ganaron los títulos deseados, pero se vendieron millones de camisetas mientras se creaba la ilusión de que ese, el de los galácticos, era el mejor equipo del mundo.

No lo fue. Y con el tiempo se dejaron de ganar Ligas y superar los Cuartos de Final de la Champions se volvió una tarea imposible. Los galácticos envejecieron, engordaron y poco a poco se fueron y junto con ellos, el presidente que los contrató, Florentino Pérez. Llegó una nueva generación, promesas latinoamericanas que no vendían playeras, pero prometían un mejor futuro – de ellos, el único que queda es Marcelo, quien cumplió con creces – .

La resaca de la era galáctica no hubiera sido tan mala si el Barça no hubiera empezado a ganar tanto, y sobre todo, a jugar bien, a enamorar a una nueva generación de aficionados con un estilo de antaño que se renovaba y sonreía hasta en las malas. Pero lo hizo.

Tal vez, por eso mismo, Florentino Pérez quiso ser presidente otra vez, contratar a una nueva generación de galácticos y aspirar a erradicar el dominio del Barcelona. Contrató a Cristiano Ronaldo, Kaká, Xabi Alonso, Benzema, entre muchos otros. Un año después, llegó Mourinho, quien había eliminado al Barcelona de Pep Guardiola en la Semifinal de Champions y comenzó una guerra.

El técnico portugués tuvo algunos aciertos, sin embargo, el querer derrocar al Barcelona a costa de los valores históricos del Madrid, derivó en un desgaste con los jugadores y parte de la afición que detonó en su salida.

Florentino decidió hacerse de los servicios de Carlo Ancelotti, un tipo conciliador y con fama de saber lidiar con vestidores repletos de estrellas. Por dos temporadas, el equipo se relajó y con nuevas incorporaciones, se hizo de un nuevo estilo: el equipo dejó de tenerle miedo a la posesión de balón. Se ganó una Champions en el primer año del italiano como técnico y en el segundo no se ganó nada y la prensa aseguró que fue por falta de entrenamiento. El presidente lo corrió, sin tomar en cuenta que había hecho todo lo posible por darle equilibrio a un equipo con sobrepoblación de mediaspuntas.

Llegó Rafael Benítez, entrenador metódico que buscó un funcionamiento casi robótico del equipo y no funcionó. Los jugadores extrañaron la libertad y confianza que les daba un tipo como Ancelotti. Seis meses – caóticos – después de su llegada, Benítez se fue.

Florentino le dio las llaves del equipo a Zidane en enero. Todo parecía indicar que esa era una apuesta para conciliar con la grada y nada más. Nunca pudimos haber estado más equivocados. El francés, quien fungió como asistente de Ancelotti, liberó de la presión al equipo tomando decisiones lógicas, sin pretender hacerse pasar por un de entrenador revolucionario. Demostró que es mejor administrador de talento que estratega y que además, es capaz de manejar un vestidor como el del Madrid. En seis meses ganó una Champions y forzó al Barça a ganar una Liga en la ultima jornada que parecía tener ganada en diciembre.

Con el crédito de una Champions, Zidane inició una temporada rodeado de incertidumbre por el todavía dudoso estilo de su equipo. Su equipo – decían – ganaba sin jugar a nada. Y así se fue, ganando sin jugar a nada, rompiendo récords sin jugar a nada, hasta que ganó una Liga y otra Champions, y entonces, el Madrid pasó a tener un estilo – de nuevo –: ganar.

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