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El Leicester nunca volvió a ser el mismo

La semana pasada la insensibilidad del millonario tailandés, Vichai Srivaddhanaprabha, se convirtió en noticia cuando decidió despedir a Claudio Ranieri, un técnico italiano que no se sabe si pertenece a la élite por su tradicional límite de tiempo en la cumbre, pero que ganó una Premier con el Leicester City en la “era del dinero”. Increíble.

La gesta del Leicester revivió algo del romanticismo que se perdió cuando el futbol se globalizó, el dinero comenzó a reinar y la minoría que siempre han sido los ganadores, se redujo aun más.

Sin embargo, sin la globalización, el equipo de Ranieri no hubiera logrado tener la misma trascendencia a nivel mundial; con el dinero obtenido a raíz de su título, su entrada a Champions League y la ahora exigencia para algunos jugadores, que alguna vez fue ilusión, comenzó a perder, cosa que no sería un problema si no hubieran ganado. Ganar genera expectativas.

Y perdieron tanto que se les olvidó ganar, y en el proceso se les olvidó cómo anotar goles. El sistema que tan bien manejaron el año pasado dejó de funcionar, los fichajes que realizaron no respondieron de la forma que esperaban y la amenaza del descenso se hizo presente. Entonces, vino el despido. Primero se dijo que los jugadores con más influencia dentro del vestuario pidieron su cabeza y después salieron algunos de esos jugadores a negarlo y a agradecerle por todo lo hecho al italiano. Cinco días después, enfrentaron al Liverpool, quinto en la tabla de clasificación y el equipo revivió. Vardy metió dos goles, ganó la mayoría de los balones largos que le enviaron, Mahrez volvió a ser desequilibrante, Drinkwater lideró el mediocampo, replegó las líneas defensivas para achicar espacios y metió un golazo de volea fuera del área. Nunca sabremos si realmente pidieron la cabeza de Ranieri, pero quedará el recuerdo de cómo jugaron el primer partido después de su salida.

Juan Tallón dice sobre el despido de Ranieri que: “Los finales tristes también pueden ser finales perfectos” y que “Hay un tipo de relato que el tiempo no desgasta. Se vuelve un clásico”. Con eso nos quedamos. Al diablo el hecho de que el Leicester nunca volvió a hacer el mismo ni lo será en un futuro. Todos sabemos que las secuelas, en su mayoría, son decepcionantes.

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