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Rayo, y siempre Vallecano

Por: Karles Villa

Tras acabar un suculento bocadillo de calamares, en el despertar castellano, apetece descubrir o redescubrir de nuevo el fútbol de verdad, por si lo habíamos olvidado. En metro como es habitual en la capital, Línea 1, la azul, salida… Portazgo. Al salir de la estación no hay edificios altos, rascacielos o grandes tiburones del dólar. Al salir de la estación, se respira barrio. Se respira olor a fruta, a verdura, al café de los bares de toda la vida, se respira aire limpio dentro de la cúpula negra que invade Madrid, se respira fútbol y se respira humildad.

El Rayo cuenta con un hecho particular, carece de un fondo. Si bien, a este no-fondo lo completa Vallecas como barrio. Ni el estadio puede crecer en detrimento del barrio, ni a la inversa. Esto explica por qué vallecanos y rayistas sean lo mismo, y por qué equipo y barrio van de la mano. Esta carencia le hace perder en lo económico, lo que gana en lo social. ¿Qué es Vallecas sin el Rayo, o el Rayo sin Vallecas? Posiblemente nada. Ambos dependen uno del otro, como los porteros de los delanteros, los entrenadores de los resultados, o el propio fútbol del mísero gol.

Rápida hojeada a lo decadente. En 1991 el Rayo se convierte en Sociedad Anónima Deportiva y el empresario-títere José María Ruiz-Mateos adquiere la mayor parte de las acciones y se convierte en presidente del club. Éste acabará estafando a sus empleados por más de mil millones de euros. En 1994, María Teresa Rivero esposa de Ruiz Mateos, le sucede en el cargo y tiene la ‘magnífica’ idea de rebautizar al club como Rayo Vallecano de Madrid, cambiando también el escudo y el nombre del estadio. La mayor parte de la afición se le echa en contra. El club se mete en una montaña rusa de ascensos y descensos, pasando por la UEFA a principios del nuevo milenio. En el 2004, desciende a Segunda B, tocando fondo.

Vamos ahora con el barrio. Bukaneros nace en el 92 como respuesta a la derechización de las Brigadas Franjirrojas. La idea, es un Rayo de Vallecas, un Rayo de clase obrera, un Rayo antifascista y antirracista. En éste ámbito, una de las acciones más sonadas se realiza en 1997 con el “Día contra el Racismo en los Estadios de fútbol”, en el que participan más de cincuenta inmigrantes viendo el partido Rayo-Osasuna, como jornada de convivencia.

La hinchada a partir de aquí se hace grande. El único fondo del estadio se convierte en Bukanero y se realizan tifos y protestas, que serán determinantes para el devenir del club. Con el equipo en Segunda B, se organiza la Fundación Rayo Vallecano, centrada en la educación y el deporte como ayuda para las vallecanas y los vallecanos. El club se vincula totalmente con el barrio.

En 2011, se produce la caída total de Nueva Rumasa, propiedad de la familia Ruiz-Mateos. El Rayo pasa a ser una de las diez empresas del grupo empresarial que se acoge a la Ley Concursal para evitar la suspensión de pagos. Ante una posible desaparición, la afición junto con la Plataforma Asociación Deportiva Rayo Vallecano, crea la “Fila 0” donde se hacen donaciones y se vende material para el pago de los trabajadores, jugadoras y jugadores del club. Las protestas en los partidos son máximas. Manifestaciones, pañoladas y tarjetas rojas se observan diariamente en los aledaños del estadio. La afición se mantiene fiel al equipo, y éste lo agradece con un nuevo ascenso a la categoría máxima del fútbol español. Algo de gran valor, el Teresa Rivero pasa a llamarse Campo de Fútbol de Vallecas. Del barrio, no de la mafia.

En la temporada 2012-2013 llega a los mandos del equipo, un conocido rayista, Paco Jémez. En Paco nos detenemos. Paco es un tipo sencillo. Paco es el espectáculo llevado al verde. Paco es jugar al toque, atacar primero y después defender, sin olvidar lo segundo. Con balón una idea clara, marcar más goles que el rival. Sin balón más clara aún, defiende desde el punta hasta el arquero, los 11. Si estuviera permitido suplentes, recogepelotas, físios y hasta el mismísimo speaker defenderían. Pero no se puede, sólo juegan 11. Paco trajo al Rayo otra idea, fútbol exótico, de control y pase, de tú a tú con los grandes, de si voy perdiendo 5-0 en el Camp Nou, no cambio mi estilo, arriesgo para marcar un tanto. Del fútbol de gol, no el del 0-0 que debería estar perseguido por los tribunales futbolísticos, sino el del 4-3, el de los resultados abultados, esos que tanto gustan a la hinchada.

El Rayo Vallecano a finales de 2014 copa todas las portadas. La noticia llega a difundirse por toda Europa. El motivo no son ligas, copas, grandes fichajes o rachas goleadoras que dejan a los grandes clubes en la sombra. Un viernes, en la charla inicial del entrenamiento pre-partido, Paco comenta a sus jugadores que una vecina del barrio, de 85 años ha sido desahuciada y ha quedado en la calle. El equipo se organiza y tras reunirse con la familia acuerdan pagar la deuda y una ayuda mensual a Doña Carmen. Este gesto conmueve y traspasa las fronteras del barrio. Llega a oídos de todo el país. Los Bukaneros junto con la afición apoyan la iniciativa y muestran consignas en solidaridad con la vecina vallecana. Un gesto al alcance de muchos, realizado por pocos.

Tras la noticia, el Rayo ganó en simpatías por todo el país. Más aún cuando sus equipaciones alternativas se basaban en la lucha contra el cáncer y en la lucha contra la homofobia, algo que tiene muy presente el club. El conjunto compite de nuevo en Segunda División y no corren buenos tiempos. La directiva ha optado por reforzar al equipo en el mercado de invierno. Uno de los nombres más sonados ha sido el del ucraniano, Román Zozulya. El caso ha reavivado viejas heridas en la afición, el motivo es que el jugador, bético hasta la fecha, ha financiado grupos armados neonazis en su país de origen. Tanto la afición como Bukaneros son tajantes en este asunto, los nazis no tienen sitio ni en el Rayo ni en Vallecas. La incorporación ha sido desestimada tras las protestas a la directiva.

Dicen que Vallecas es un sitio especial. Que huele a césped, a humildad y a barrio. Dicen que si vas a ver el Rayo te acabas enamorando de él. Que el fútbol no es lo mismo. Que lo crearon obreros y que se debe jugar en barrios obreros, no en grandes edificaciones majestuosas dignas de reyes o multimillonarios. Que el cuero del balón es mucho más barato que eso. Que el campo no tiene que tener luz propia, que ésta se la pone la afición. Que no debe apellidarse con publicidad bañada en oro negro, o en empresas que no saben cuántos ceros tienen sus cuentas. Que ser del Rayo no debe ser fácil. Que estar a la sombra del Real Madrid y del Atlético es complicado, más cuando la prensa sólo envía cámaras entre el Manzanares y Chamartín. Que el Rayo, es el Rayo, pero sólo siendo Vallecano.

 

Los invitamos a leer más sobre el autor en: https://travesanho.org/

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