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De Totti a Donnarumma y Mbappé

El día que se dio a conocer que Gianluigi Donnarumma no renovaría su contrato con el Milan, un amigo me escribió: “Mino Raiola es un cáncer para el futbol…neta me emputa”. No pude haber estado más de acuerdo con su opinión sobre el famoso agente y obviamente me solidaricé con su sentir, que es el de muchos, la minoría.

En el último partido de Francesco Totti, la afición mostró una pancarta que decía algo así como: “Venciste tu batalla contra el futbol moderno. 25 años con la misma camiseta”.

El canal que transmitió el último partido del Diez de la Roma se limitó a pasar el partido y nada más. Lo vi en la sala de mi casa, con mi hermano menor y su novia; cuando finalizó, agarré un libro, unas revistas y subí a mi cuarto. Minutos después bajé por una cerveza y mi hermano me dijo: “quédate”. Había encontrado un canal italiano que estaba transmitiendo la despedida de Totti, su homenaje. Lloré viendo el retiro de quien fuera uno de mis primeros ídolos, silenciosamente. No sé si mi hermano también lloró, no queríamos voltearnos a ver, pero creo que sí.

¿Cuántas despedidas más, de qué jugadores vamos a ver con las características que tuvo la de Francesco? Tal vez la de Messi. Pocas más, tal vez ninguna otra. Pocos jugadores – o ninguno – tienen la capacidad de permanecer toda su carrera en un equipo a costa de sus intereses económicos. Totti venció la batalla contra el futbol moderno, quizá fue el último en hacerlo, su retiro, en ese caso, no representa otra cosa que el desamparo de un sector de aficionados que todavía nos sentimos atraídos por la fidelidad a una camiseta sin caer en el esnobismo.

Estamos viviendo tiempos en los que jugadores de 18 años se cotizan en 100 o 120 millones de euros. No hay nada más caro que el futuro, a pesar de que sea incierto. La proyección vale y para que valga se recurre a las comparaciones: “El próximo Henry”, “El sustituto de Buffon”.

El futbol se ha globalizado y el romanticismo sólo se puede apreciar en los libros o en algunos aficionados. Con la globalización, el futbol se ha banalizado tanto que su agenda se enfoca en meras especulaciones y el éxito de ello se refleja en las discusiones absurdas que se derivan de los trascendidos mentirosos que los lectores no pueden dejar de identificar como noticias.

Vladimir Dimitrijević, librero y editor suizo, escribió: “A fuerza de especular con las estrellas, los banqueros y los hombres de negocios acabarán por destruir este deporte, del mismo modo que los agentes literarios enterrarán la literatura”. Entiendo lo que dice Dimitrijević, algo muy parecido a lo que me escribió mi amigo, pero no estoy tan seguro que eso vaya a acabar con el futbol, más bien lo ha transformado en algo con lo que no nos sentimos tan relacionados, pero de eso a que se destruya… no lo tengo muy claro.

El retiro de Francesco, entre otras muchas cosas, representó el último triunfo a la ideología del futbol moderno, también: melancolía. María Zambrano escribió que “La melancolía es una manera, por tanto, de tener; es la manera de tener no teniendo, de poseer las cosas por el palpitar del tiempo, por su envoltura temporal. Algo así como una posesión de su esencia, puesto que tenemos de ellas lo que nos falta, o sea lo que ellas son estrictamente”.

La melancolía nos recordará que tuvimos lo que ya no tenemos: otra forma de vivir este deporte.

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