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El sinsentido de Jorge Vergara

Las decisiones de Jorge Vergara que han afectado seriamente a las Chivas resultan una constante exenta de sorpresa. Ya lo dijo Omar Bravo: He perdido la capacidad de asombro”, refiriéndose a los decretos “vergarescos” que tienen al equipo hundiéndose en la tabla general y porcentual.

Resulta cómico voltear atrás y recordar la intención de Vergara de hacer a Raúl Arias el Ferguson de las Chivas. Dirigió seis encuentros y lo despidieron; Alex Ferguson estuvo 27 años en el banquillo del Manchester United. Creo que le faltaron algunos partidos para lograr el propósito antes establecido.

Quiero creer que la insistencia de cambiar continuamente a los entrenadores se deba a que no ha encontrado lo que quería cuando se hizo de las Chivas: “Quiero al equipo dirigido por el mejor entrenador del mundo, me importa un pepino si viene de la luna, pero que sea el mejor que pueda dirigir a Chivas”.

En el 2003 prometió que el Guadalajara llegaría a ser el mejor equipo del orbe en 10 años, estamos a 12 y pelean el descenso con Dorados y Puebla, pero tal vez en su razonamiento no sea culpa suya, sino del técnico que no ha podido traer de la luna.

Tampoco se le podría reprochar su confianza hacia el equipo: le encanta apostar millones en los clásicos, aunque esos mismos millones podría utilizarlos para hacerse de jugadores que incrementen la calidad de la plantilla.

Y hasta autocrítica le hemos conocido, por muy increíble que esto sea: “Tengo que aceptar que de buena fe me he equivocado más de una vez; confundí los deseos, los impulsos, la emoción y hasta la prepotencia, con la sensatez y el conocimiento que se hubiera requerido”. El problema es que esas palabras pierden valor ante la necedad de seguir cometiendo errores.

Son 25 técnicos – contando a Almeyda – los que han pasado por el Rebaño Sagrado, el estilo de cada uno de ellos es distinto, pero llegaron con la misma encomienda: ser campeones, sin ser conscientes que el apoyo por parte del dueño para lograrlo era meramente demagógico.

Antes se hablaba de su esposa Angélica Fuentes y ahora de José Luis Higuera como los responsables de las insensatas decisiones del equipo. Sin embargo, 13 años después, con tan sólo un título de liga e innumerables fracasos, el común denominador sigue siendo Jorge Vergara, el dueño a final de cuentas.

La crisis es tan severa que el disgusto de los aficionados se está convirtiendo en indiferencia. Despojados de la identidad por la cual decidieron apoyar a ese equipo, pierden razones para molestarse. De la indignación a la impotencia, de la impotencia a la aceptación de que el sentido común escasea en Verde Valle.

Jorge Vergara es dueño de una personalidad susceptible a acciones viscerales y polémicas banales. Es, sin duda alguna, el responsable de la situación de las Chivas, institución enorme, que paradójicamente no puede lidiar al tú por tú con un ego tan enorme como el suyo. Es hora de hacerse a un lado.

 

Foto de Gerardo Villareal.

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