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La Serie Mundial: mismo clásico, diferentes equipos

Por: Manolo Vargas.

Pasó casi un año después de aquella noche del 29 de octubre, el Kauffman Stadium fue el escenario, tuvo mil aficionados como fieles testigos que esperaban el milagro de empatar el juego más importante de la historia de los Reales en casi 30 años.

En 10 segundos los millones de espectadores que miraban el séptimo juego de la Serie Mundial de hace un año, se centraron en la carrera que daba Alex Gordon por las almohadillas tras el error del jardinero central Gregor Blanco y el titubeo de Juan Pérez en la barda de los jardines para tomar la pelota.

Hoy es día que muchos de los que disfrutamos el béisbol hubiéramos querido saber qué hubiera pasado si Gordon hubiera sido mandado al home por Mike Jirschele el coach de tercera. Para la mala de los Reales, no llegó el batazo oportuno y todo se consumó con un elevado al ese entonces antesalista Pablo Sandoval, quien capturó y le dio a los Gigantes su tercer Serie Mundial en cinco años.

Los Reales se fueron lo que resta de ese año, como el equipo sensación el equipo cenicienta, el caballo negro, aquel que se había quedado a tan poco, a tan cerca, pero a la vez sin nada. Un equipo que se veía muy difícil que pudiera regresar a los caminos de la postemporada debido a que su pasado hablaba más de rachas perdedoras que incluso ganadoras, por lo que volver a verlos sonaba algo complejo.

No obstante, Kansas mantuvo su base y con nuevas incorporaciones en su cuerpo monticular, nuevamente se pasean por estos lares, convencidos que nadie vuelve al clásico de otoño para volver a perderlo. Una base más experimentada de cómo se debe jugar la postemporada, dio cuentas del equipo que este año parecía la sensación de la Liga Americana, los Astros de Houston y los echaron, después vinieron los muy renovados Azulejos de Toronto, quienes fueron atacados por la ofensiva real en los momentos importantes, además de controlar a la artillería canadiense y así lograr el campeonato de la liga y el pase al título de la MLB.

En el viejo circuito, un equipo que ya cercaba a los 10 años sin pisar los play offs encontró una base sólida en su cuerpo de abridores, que consiguió un número significativo para llevar nuevamente a postemporada al equipo de la Gran Manzana, pero no a los del Bronx, sino a los de Queens, a los que no juegan en el Yankee Stadium, sino a los que juegan en el Citi Field, no a los de la Americana, sino a los de la Nacional, sí, en efecto, a los Mets de Nueva York.

Aunado a eso, los metropolitanos se ayudaron de todo lo que pudieron desde lo más joven hasta lo más viejo, desde un Noah Syndergaard hasta un Bartolo Colón pasando por el caballero de la noche, Matt Harvey y Jacob DeGrom quienes en conjunto lograron 90 victorias, aprovechando constantes declives de los Nacionales de Washington sus fieles perseguidores, los Mets entraron discretamente, como campeones de la división Este pero con el récord más bajo del viejo circuito.

Para disputar la Serie Mundial, tuvieron que emplearse a fondo para derrotar a los Dodgers de Los Ángeles, destacando DeGrom quien le ganó a los Ases Clayton Kershaw y Zack Greinke en el mismo Dodger Stadium. Pero en esta postemporada no todo ha sido obra de los lanzadores de los Mets, la serie divisional nos permitió ver el inicio de la transformación de Daniel Murphy, el segunda base del equipo neoyorquino, lejos de ser el ídolo, era uno de los referentes, no obstante se escudaba protegido de lo que David Wright y Yoenis Céspedes aportaban ofensivamente.

En la serie de campeonato contra los muy inspirados Cachorros de Chicago, los Mets se dedicaron a atacarlos de principio a fin, supo encontrar las debilidades que hasta ese momento no habían sido mostradas por los lanzadores de los Cachorros y siempre estuvieron temprano y al frente del marcador, siendo el principal referente ofensivo Daniel Murphy.

Murphy, se podría decir que rompió casi con todo, principalmente con las leyes, esas que te dicen que es difícil encontrar un segunda base de poder, también rompió con las probabilidades de pegar seis cuadrangulares en la postemporada, sólo hubo algo que para fortuna de sus seguidores no rompió, la maldición de la cabra.

Llegamos a los últimos de octubre, esos donde nos cuesta estar un día sin béisbol, esos donde no queremos que el juego vaya tan rápido por muy lento que sea para muchos. Algunos hablan de sequía beisbolera cuando se vienen los días de descanso, lo cierto que la sequía también la recienten ambos equipos.

Mientras que Kansas City no gana la Serie Mundial desde hace exactamente 30 años, los Mets de Nueva York lograron su último título de las Grandes Ligas, justamente un año después de que lo consiguieron los Reales. Ambos equipos tienen los suficientes argumentos no sólo para haber llegado ahí, sino también para llevarse el trofeo.

Esto es una incógnita, donde el número mágico se convierte en ganar 4 partidos antes que el rival, pero aunque esto se vuelva muy estadístico, cada uno no deja de ser un juego, que cuando lo ganas te acerca y cuando lo pierdes te aleja, sin embargo también influye lo que emocionalmente quiera dejar un jugador por su equipo para lograr el título, aquí como siempre los más beneficiados somos nosotros, los que disfrutamos y estamos atentos al juego.

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