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El administrador

Con 35 triunfos, dos empates y nueve derrotas en 46 partidos, Zidane todavía no es valorado de esa forma en la que se valora en la actualidad a los técnicos: la de destacar sus innovaciones en tácticas y estilos que originan discusiones interminables sobre estética y valores siempre adaptables a la conveniencia del aficionado.

Rescatar a un equipo afectado por la necedad – histórica – de imponer a un entrenador que nunca quiso adaptarse a sus jugadores y forzó hasta su última día de trabajo, la adaptación de ellos a un estilo que ya había quedado en el olvido con la salida de Mourinho, pelear por una liga – hasta el último partido – que parecía perdida en Febrero y ganar una Champions tampoco le han dado reconocimiento porque su equipo, al final de cuentas, “no juega a nada”, “no quedará en la historia porque su estilo no trasciende”.

Un amigo me insiste – desde la remontada en los Cuartos de Final de la Champions contra el Wolfsburgo – que el Madrid no tiene identidad. Un poco molesto por la simplicidad de su aseveración, le pregunté que a qué se refería con no tener identidad. Contestó: “No tiene un estilo definido”, “sus triunfos no pasarán a la historia porque no los acompaña un estilo de juego original, como el Barcelona”.

Podríamos analizar el estilo de juego de Zidane, adaptable a las lesiones de jugadores importantes y a sus rivales como lo ha sido desde su llegada y podríamos llegar a la conclusión, concediéndole a los críticos, que en muchos de los partidos, el equipo no juega a “nada”, gana jugando a “nada” – ¿se puede jugar a “nada”?

Entiendo que cuando alguien dice que un equipo no juega a nada se refiere a una falta de identidad en el funcionamiento colectivo. Y esto en los tiempos de Guardiola, Klopp, Conte, Tuchel, Jémez, Bielsa y otros, es – para muchos – despreciable.

Zidane jugó en el Madrid de los Galácticos, ese equipo que decían, tampoco jugaba a nada, aunque Óscar Sanz lo tiene claro, hubiera sido mucho más fácil decir que “jugaba a lo que le venía en gana a cada una de sus estrellas”. A los Galácticos sólo se les administraba y encomendaba al talento individual. El francés era uno de ellos.

Por una decisión que a distancia se percibe como presidencial, Zidane se ha empeñado a que sea la “BBC” los protagonistas del equipo. En distintas conferencias de prensa con un trato conciliador, derivado de su carácter afable, no se ha cansado de explicar que el tridente está por encima de los demás, pero ha logrado que otros personajes secundarios surjan como protagonistas en partidos críticos y he ahí, el trabajo como administrador de talentos y egos que debe ser valorizado en su trabajo.

¿Que el Madrid no juega a “nada”?, podríamos preguntarnos a qué ha jugado el Madrid en sus mejores etapas, ganadoras etapas y llegar a la soberbia conclusión que el ganar siempre ha estado por encima de cualquier estilo. Y nadie mejor que él, perteneciente a un equipo tan endeble como el que es conformado por Galácticos, para comprender que una buena administración puede ser más eficiente que una revolucionadora dirección técnica en una institución que mira atrás y en vez de analizar las formas, cuenta los títulos por decenas.

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