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La ‘puñetera experiencia casi religiosa’ del tenis

Hay libros que se favorecen en la lectura por su inesperado encuentro, la relativa expectativa derivada del azar. El tenis como experiencia religiosa, de David Foster Wallace fue uno de esos libros para mí, también un acercamiento con un deporte relegado en mi vida por otros gustos no más gozosos ni mucho menos saludables.

Foster Wallace, a través de dos crónicas disfrazadas de ensayos o dos ensayos disfrazados de crónicas, logra desmenuzar un deporte desde sus entrañas: los estilos de juego, su estética, las gradas llenas de esa “aura ejecutiva” hasta los suburbios donde se ven los partidos sobre un mantel que también resguarda bocadillos y bebidas, y se cometen atracos y algunos intentos fallidos y otros exitosos de entrar al estadio sin boleto.

Es un trabajo periodístico de un jugador que se volvió fanático, que narra como un testigo outsider y con conocimiento de experto que lo exenta de pretensiones lo que rodea a los jugadores, a un partido, a un Grand Slam y los detalles que no se aprecian en televisión. Explica jugadas que se leen con tensión y asombro por el desconocimiento del desenlace y la sorpresa que causan las genialidades de jugadores que conocimos, conocemos, pero ahora recordamos.

Sincroniza opiniones: ¿Qué es un “momento Federer”? “Se trata de una serie de ocasiones en que estás viendo jugar al joven suizo y se te queda la boca abierta y se te abren los ojos como platos y empiezas a hacer ruidos que provocan que venga tu cónyuge de la otra habitación para ver si estás bien”.

Define los estilos de una gran rivalidad (Federer vs Nadal): “Se enfrentan la virilidad apasionada del sur del Europa contra el arte intrincado y clínico del norte. Dionisos contra Apolo. Cuchillo de carnicero contra escalpelo. Zurdo contra diestro. Los números dos y uno del mundo. Nadal, el hombre que ha llevado a sus límites el estilo moderno de juego de fondo… contra un hombre que ha transfigurado ese estilo moderno, cuya precisión y variedad son de igual de importantes que su ritmo y su velocidad de pies, pero que ha demostrado ser peculiarmente vulnerable a su contrincante, o bien capaz de verse superado psicológicamente.

Asegura que Federer ha demostrado que “la velocidad y la fuerza del tenis de hoy día son simplemente su esqueleto, no su carne. Él ha re-encarnado de forma tanto literal como figurativa, el tenis masculino, y por primera vez en años, resulta impredecible”, mientras que “ la inspiración, sin embargo, es contagiosa y multiforme; y el mero hecho de presenciar de cerca cómo la potencia y la agresividad se hacen vulnerables a la belleza equivale sentirse inspirado y (de una forma fugaz y mortal) reconciliado.”

La lectura de este libro resulta otra “puñetera experiencia casi religiosa” paralela a lo que estamos acostumbrados a ver en televisión o en los estadios. Una reafirmación de un gusto a través de una historia que no deja de ser ensayo mientras se disfraza de crónica. O viceversa.

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