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El nacionalismo visto a través de una camiseta

En medio de una Eurocopa amenazada por el terrorismo que avisó desde noviembre del año pasado que ni un evento deportivo ablandaría su causa, los aficionados inadaptados que siguen recibiendo el apelativo de “Hooligans” , han mermado una competición en la cual estábamos acostumbrados a ver un espectáculo rodeado de civilidad y buen ambiente. Atrás – pensamos – se habían quedado los inconscientes que creen que una playera es la definición de nacionalismo y quien porte una diferente merece ser golpeado por el simple, estúpido hecho de apoyar a otro equipo.

Ingleses contra rusos, rusos contra eslovacos, pronto todos contra todos. Tristemente hoy en día el futbol no radicaliza, sino que refleja el grado de inconsciencia que puede llegar a tener una persona cuando apoya a un equipo, una selección. La violencia se normaliza y es absurdo que se justifique con la pasión que se desata, porque esto no es más que un simple trastorno social que pasa a ser mental en – lamentablemente – miles de aficionados.

Muchas veces el apoyar a una causa futbolística trastorna el sentido de merecimiento, hay quienes al decidir unos colores, un escudo, pasan a creer absurdamente que su equipo es merecedor de todo triunfo y de no lograrse, la culpa será de todos aquellos ajenos a su causa, por lo tanto, acreedores a una afrenta descomunal.

El futbol nunca ha sido ajeno a la violencia, sólo se percibe de distinta forma por las circunstancias que la fomentan. Pero el deporte – es obvio – , como válvula de escape de una realidad que puede ser tan mala en materia social, económica y política, seguirá fomentando en un sector de la afición – cada vez más grande – un ambiente de confrontamiento irracional, donde se justifique la idiotez en el nacionalismo visto a través de una camiseta.

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