Congeladora

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i hay un personaje fundamental en la carrera de Kobe Bryant, como él mismo ha señalado en numerosas ocasiones, es Pau Gasol. El fichaje del español por los Lakers cambió el pasado reciente de la franquicia angelina y permitió al escolta engarzarse sus dos últimos anillos en la mano. Un jugador al que ‘La Mamba’ ha señalado como uno de los mejores compañeros en sus 20 años de carrera y al que ha catalogado como su propio «hermano».

Pau no podrá estar junto al histórico escolta de los Lakers el día de su despedida, pero no ha querido dejar escapar la ocasión de recordar su pasado junto a Kobe en una emotiva carta de despedida recogida por Sports Illustrated.

«En mi primer día con los Lakers conocí al equipo en el Ritz en Washington y a la 1.30 de la madrugada alguien llamó a la puerta de mi habitación. Más tarde me daría cuenta de que Kobe no duerme mucho. Me senté en la cama y él se sentó en la mesa junto a la televisión. Me dio la bienvenida y me dijo que había llegado la hora, que era el momento de ganar. Él sentía que yo podía llevarle otra vez a lo más alto y quería asegurarse que yo lo sabía. «Esta es nuestra oportunidad», dijo. Fue poderoso y significativo.

Gran parte del Triángulo Ofensivo está basado en la lectura del juego y en el trabajo con los demás, en entendernos los unos a los otros. Yo entendí el juego. Era muy meticuloso con eso y creo que él apreciaba eso de mi. Creo que pensaba que era algo refrescante. Nuestra relación funcionó desde el principio. Sabíamos que nos necesitábamos el uno al otro para triunfar.

Hay muchos partidos en la NBA que es fácil empezar a dejarse llevar. Él nos mantenía siempre alerta. En los entrenamientos él desafiaba a todo el mundo, hacía ‘trash talking’ con la gente y no todo el mundo estaba preparado para eso. Muchas jugadores no pueden con eso, pero a mi no me importaba. Era su forma de motivarte y de forzarte para que dieras más. Es muy fácil caer en la comodidad y él se aseguraba de que nadie estuviera cómodo y relajado.

Después de que perdiéramos el sexto partido con los Celtics en las Finales de 2008 no hablamos mucho sobre lo que había pasado. Era el tiempo para digerir lo que había pasado, por qué nos sentíamos así y dejar que el fuego empezara a arder en nuestro interior y en nuestros estómagos. Llegamos a la siguiente temporada con una actitud diferente, más fuerte y agresiva, más determinados. Creo que fue por eso por lo que ganamos los dos siguientes anillos.

Si tu juegas con él ves cada día una prueba viviente de por qué los grandes son grandes. No es un accidente. Es una obsesión por alcanzar ese nivel y mantenerse en él. La dedicación, el compromiso, es algo único en ellos. No lo encuentras fácilmente. Él me inspiro para ser mejor, para ver el juego con más detalle.

Ganamos a los Magic en las Finales de 2009 y todo el mundo estaba feliz, pero algo era diferente para él. Tenía un significado especial. El baloncesto era su vida y la victoria era su devoción. No quito nada de mérito a su familia, que significa el mundo para él, pero el baloncesto tenía una profundidad especial.

Cuando sucedió el traspaso de Chris Paul, en el que yo formaba parte de él y que fue vetado en diciembre de 2011, él fue como un hermano mayor para mí, levantándose por mi. En un momento dado le dijo a los Lakers: «Si le vais a traspasar, haced lo que tenéis que hacer y traspasarle. Si no, dejarle tranquilo y dejarle jugar».

No salíamos mucho juntos fuera de la cancha, pero al final sí hemos quedado a comer varias veces los dos solos y nos gustaría recordarlo.

 

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