Congeladora

Política

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Cuando en la esfera pública se habla de drogas el debate tiende a concentrarse en lugares comunes como que “las drogas son malas”. De ahí que se justifique ante la opinión pública la elección de políticas duras y medidas drásticas que “protejan a los niños”, “eviten que nuestros jóvenes caigan en la adicción” y “atiendan a los más vulnerables” (sí, por lo general, también son fraseadas así, en masculino). Pero más allá de la retórica ¿Las políticas de represión realmente aportan los cacareados beneficios a la infancia, la juventud y a LAS más vulnerables? Yo tengo mis dudas y les voy a decir por qué:

La población carcelaria en América Latina ha aumentado estrepitosamente en los últimos 30 años en gran parte debido al endurecimiento de las leyes de drogas. Y aquí, en números reales, los más afectados han sido los hombres jóvenes de escasos recursos. Pero paradójicamente, los impactos de esa “mano dura” han sido aún más devastadores para quienes sí asumen la procuración y protección de las familias: las mujeres. Por poner un ejemplo diré que la persecución de los delitos de drogas está detrás del incremento de casi el doble en la población carcelaria femenina de la región y que la aplicación a rajatabla de las leyes de drogas ha causado que nuestro subcontinente sea, junto con Asia, la región en donde más mujeres se encarcelan por drogas.

Si por causas estructurales (que por cuestiones de espacio no abordaremos aquí) las mujeres siguen siendo el muro de carga de nuestros hogares ¿Qué resultado esperamos como sociedad si la respuesta al “flagelo” de las drogas es criminalizarlas y meterlas presas sin necesidad? Y peor aún ¿Qué beneficios de largo plazo nos puede traer este enfoque si en el proceso estamos afectando desproporcionalmente a aquellas mujeres que por pobreza y falta de oportunidades se involucran en este mercado llenas de ignorancia y necesidad? ¿Es esta la respuesta que queremos? ¿Qué no la protección de la infancia y la juventud pasa también por la protección de quienes les cuidan y sostienen? ¿De verdad no existen medios alternativos a nuestro alcance para reducir los daños asociados a las drogas sin crear otros más, esta vez asociados a las políticas?

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